La difícil moneda de cambio de Israel

01/Nov/2010

El País, Que Pasa, Isabel Kershner

La difícil moneda de cambio de Israel

La difícil moneda de cambio de Israel
Negociar para ser visto como Estado.
30-10-10
EN JERUSALÉN, ISABEL KERSHNER,THE NEW YORK TIMES
Entre más estridentemente insiste Israel en que los palestinos lo reconozcan como Estado nación del pueblo judío, más categóricamente parece negarse la dirigencia palestina.
Así, altos funcionarios israelíes empiezan a cuestionar la inteligencia de la política de su primer ministro, Benjamin Netanyahu, quien ha hecho del reconocimiento de la legitimidad del Estado judío un requisito para cualquier acuerdo final con los palestinos.
Más recientemente, Netanyahu lo propuso como moneda de cambio para una extensión temporal de una moratoria en la construcción de asentamientos judíos en Cisjordania. Las nacientes conversaciones de paz israelí-palestinas se estancaron desde que venció la moratoria, el mes pasado.
«Claro que somos un Estado judío«, dijo Ehud Barak, el ministro de la Defensa. «Pero tenemos que asegurarnos de no caer en una ladera resbalosa donde nuestras demandas justificables se vuelvan obstáculos prohibitivos», en el camino hacia un acuerdo.
Otro importante ministro israelí, quien habló a condición del anonimato, dijo que el acto de pedir la confirmación de la legitimidad de Israel «podría plantear preguntas y tener el efecto opuesto» al debatirlo.
Muchos judíos consideran esencial ser reconocidos no sólo como integrantes de una religión, sino también como un pueblo con derechos históricos a un Estado soberano en Tierra Santa. El problema, dicen, va al centro del conflicto y servirá como prueba de fuego para las intenciones palestinas.
«Sólo cuando nuestros socios de paz estén dispuestos a reconocer la legitimidad del Estado judío«, dijo Netanyahu en la misma conferencia, «verdaderamente estarán preparados para terminar el conflicto y hacer una paz duradera con Israel«.
Sin embargo, dada la oposición a esta exigencia por parte de los palestinos y muchos de los propios ciudadanos árabes de Israel, algunos cuestionan cuán vital es. Al menos públicamente, los palestinos parecen haber endurecido su posición.
En su Declaración de Independencia en 1988, la Organización para la Liberación de Palestina invoca la «injusticia histórica« infligida contra su pueblo después de la Resolución 181 de Naciones Unidas en 1947, «por la cual se dividió a Palestina en dos Estados, uno árabe y uno judío». «No obstante, es esta Resolución«, continúa la Declaración, «que aún estipula esas condiciones de legitimidad internacional que aseguran el derecho del pueblo árabe palestino a la soberanía«.
Se le preguntó a Yasser Arafat, el finado líder palestino, en una entrevista con el diario israelí Haaretz en 2004, si entendía que Israel tenía que seguir siendo un Estado judío. «Definitivamente», respondió.
Al parecer, negociadores palestinos no oficiales aceptaban la idea de una nación judía en el Acuerdo de Ginebra, un proyecto de 2003 para un tratado final israelí-palestino, al reconocer «el derecho del pueblo judío a tener un Estado y el reconocimiento del derecho del pueblo palestino a tener un Estado, sin detrimento para la igualdad de derechos de los respectivos ciudadanos de las partes«; y sin especificar dónde.
En el acuerdo también se establece que «las partes reconocen a Palestina e Israel como las patrias de sus respectivos pueblos«, sin especificar quiénes podrían ser.
Como reflejo de la dinámica actual, menos palestinos apoyan ahora la idea del reconocimiento mutuo. Una encuesta de octubre indica que 64% de los israelíes la apoyaba y 24% se oponía al reconocimiento mutuo de Israel como Estado para el pueblo judío y Palestina como el Estado palestino.
Entre los palestinos, 49% apoyó y 48% se opuso a este paso. En junio, 60% de los israelíes respaldó este reconocimiento mutuo, mientras que entre los palestinos, fue 58%.
La dirigencia palestina insiste en que es suficiente reconocer al Estado de Israel, como lo hizo la OLP como parte del Acuerdo de Oslo en 1993. «El problema del reconocimiento está arreglado, está hecho», señaló Mohamed Shtayyeh, un integrante del equipo negociador palestino desde Ramallah.
Shtayyeh dijo que la dirigencia palestina cree que Netanyahu sólo está poniendo obstáculos en el camino de la paz, y que no existe ninguna relación entre frenar los asentamientos y el reconocimiento.
Al descartar el Acuerdo de Ginebra, Shtayyeh y otros palestinos argumentan que el reconocimiento de Israel como un Estado judío negará su demanda por el derecho a regresar de los refugiados palestinos de la guerra de 1948 y sus descendientes, antes de cualquier negociación. También dicen que debilita el estatus de los ciudadanos palestinos-árabes, el 20% de la población israelí, y a los cuales se les otorgan derechos iguales en la declaración de independencia israelí.
El debate sobre el reconocimiento, entre tanto, se ha enredado en el problema altamente polémico de un juramento de lealtad por parte de los nuevos inmigrantes en Israel. Se requeriría, según el borrador de una reforma a la ley de naturalización del país, que los no judíos que busquen naturalizarse ciudadanos juren lealtad a Israel como un Estado «judío y democrático».
La propuesta de reforma fue un gesto hacia el ultranacionalista Partido Yisrael Beiteinu, dirigido por el canciller, Avigdor Lieberman, percibido como antiárabe.
No hay un consenso ni dentro de Israel sobre el significado y la naturaleza de un «Estado judío«. Para muchos israelíes, describe al país como es: una mayoría judía que habla hebreo y vive en una cultura predominantemente judía. A algunos les gustaría ver un elemento más religioso; a otros les preocupa que denote una etnocracia.
«¿Un Estado judío es qué? ¿Un Estado Lieberman?», preguntó Mohamed Darawshe, el codirector ejecutivo israelí-árabe de Las Iniciativas del Fondo Abraham, una organización que promueve la coexistencia y la igualdad entre judíos y árabes de Israel.
«Los judíos merecen una patria propia», dijo Darawshe, «pero no una que niegue los derechos y el estatus de otros ciudadanos».